Finalmente llegó el Meltemi, y aunque lo normal es que sople en verano, no solo se ha adelantado, sino que ha estado soplando casi once días sin parar! por suerte habíamos encontrado un buen amarre en Tinos, así que aquí hemos pasado  nuestros días entre paseos por la isla y el pueblo.

Llegamos a Tinos intentando escapar del viento, sin poca esperanza de encontrar un sitio resguardado, pues como os conté, el Meltemi se cuela por todas partes y no hay bahía a barlovento ni a sotavento que quede protegida. Sin embargo, en el puerto de Tinos, a pesar de las rachas que entraban, por lo general el viento se ve algo atenuado por la proximidad de las casas.

El puerto estaba lleno de otros barcos, que como nosotros se habían visto atrapados por el viento y esperaban a que mejorara la previsión. y los días siguientes a nuestra llegada podíamos ver como llegaban más y más barcos buscando refugio, con esa típica expresión de agotamiento y alivio en la cara de los tripulantes que solo entendemos los que hemos llegado a puerto después de una travesía dura.

Tengo que decir que el trato del personal del puerto ha sido fantástico. Tal como se acercaba un barco a la bocana, ya había un marinero al pie del muelle para ayudar a amarrar (aclarar que los marineros trabajan en el puerto de los ferries, y que tienen que coger una moto para venir al puerto viejo donde estamos los barcos de recreo). En nuestro caso nos ayudaron a colocar el barco lo mejor posible para que no chocáramos mucho con unas ruedas que tienen a modo de defensas para barcos mas grandes. El segundo día nos dieron acceso a una toma eléctrica. Y al siguiente tras un cambio de aceite que hice en el motor, ellos mismos se encargaron de coger la garrafa de aceite usado y llevársela en moto hasta el sitio de reciclaje.

Lo mas increíble de todo es que después de diez días amarrados en pleno centro del pueblo, no nos cobraron nada. Supongo que la estancia de los barcos en el pueblo les beneficia indirectamente ya que todos los cruceristas al fin y al cabo dejan bastante dinero en las tabernas y tiendas del lugar, pero aun así sorprende la hospitalidad de algunos puertos humildes en contraste con lo tacaño y el mal servicio de otras marinas de supuesto alto standing.

Tinos

Tinos es el típico pueblo griego que uno espera, con todo el centro lleno de casas blancas y azules, terrazas de tabernas con sus mesas de madera  y una iglesia o capilla en cada esquina. Cuando crees que ya has visto todas las iglesias, te metes en un callejón o doblas una esquina, y tienes otra. Imposible llevar la cuenta.

Y resulta que Tinos, pese a ser mayormente católico, es uno de los centros de peregrinación Ortodoxa mas importantes de Grecia. Toda la calle que lleva al santuario está lleno de tiendas de objetos religiosos y de ofrendas.

Es mas, algunos peregrinos hacen su llegada a la iglesia arrastrándose o caminado de rodillas, así que toda la calle que sube hasta el santuario, tiene su propio “carril penitente” con una alfombra larguísima por la que puedes gatear sin dejarte las rodillas en el asfalto. Que práctico!

Carril bici? el futuro es el carril penitente.

Los griegos como vereis en muchas fotos, tienen muy buen gusto a la hora de decorar sus calles: una manita de pintura blanca y azul, unos árboles y ya está. Y esa es mi sensación hasta el momento en las islas griegas, que pese a la simpleza, mires donde mires, todo es bonito y agradable. Desde luego en muchos otros pueblos o ciudades podrían aprender de ellos. Con muy poco es muy fácil tener una calle bonita.

Típica taberna

Uno de los problemas que hemos tenido en el puerto es que no había manera de encontrar al aguador. Este palabro y profesión, aunque suene a antiguo, es algo que aun existe en las islas. Resulta que hay un señor que es el que se encarga de sacar la manguera y dar agua a los barcos. En las islas el agua es un bien muy preciado, y no se pueden permitir que los patrones la malgasten limpiando la cubierta. De hecho parece ser que está mal visto hacerlo (incluso aunque la puedas pagar), ya que en los meses de verano suele haber restricciones de agua en las poblaciones.

Pues como no podíamos localizarlo, hemos estado usando la fuente del muelle. Hemos aprendido a economizar el agua, así que cada día echábamos un par de cubos al depósito y con eso hemos tenido suficiente para fregar y ducharnos.

Ah, y antes que nada una mención especial a la tienda de gas que hay en Tinos. Este señor, aparte de ayudarnos con el regulador de camping gas que nos fallaba, nos ha vendido las botellas de gas a 10 euros, y a pesar del buen precio, el mismo te las lleva al puerto en su coche. Así que si pasais por Tinos y necesitais repostar, pasaos por su tienda. Su tienda no aparece en internet, así que os dejo un link al mapa de google.

El resto de los días lo hemos dedicado a pasear por el pueblo, visitar la playa, otro hemos alquilado unas bicis. A veces simplemente nos ibamos a una taberna para tomar un frapé, pero sobre todo para escapar del viento, que soplaba como un demonio durante todo el día, y después de una semana así, nos tenía la cabeza loca dentro del barco.

Visitando pueblos

Y Mas capillas!

Otrodía hemos subido hasta una de las rocas mas altas de la isla. Precisamente ese día soplaba bastante viento, así que si abajo soplaba fuerte, os podeis imaginar el panorama en la cima. Cara a cara con el Meltemi. Casi no podíamos mantenernos de pie.

Molinos abandonados

Camino a la cima

Llegando a la cumbre, si el Meltemi nos deja…

Ah! y Emilie ha aprendido la receta de las pitas griegas y le salen bastante buenas. Así que a partir de ahora ya nunca nos faltara pan en nuestros fondeos!

Pita casera

Y bueno, finalmente el Meltemi remitió, y pudimos salir en dirección a Mikonos, donde nos espera el ajetreo turístico que tan poco nos gusta. Pero bueno, hay que verlo, o eso dicen. Por el momento nos felicitamos por haber decidido poner proa a Tinos y habernos quedado atrapados en esta isla, donde nos han tratado maravillosamente, y donde se queda un trocito de nosotros.