«Y si dejas el trabajo y nos vamos a navegar?»

Y va Emilie y me suelta eso, medio en serio, medio en broma. Y la verdad es que yo tampoco le tengo mucho cariño a esto de la jornada de cuarenta horas en una oficina y no sería la primera vez que renuncio y cambio de trabajo o me tomo un tiempo sabático. La única novedad es que esta vez la idea no ha sido mía.

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