¡A Tomar Viento!

Viaje a vela por el Mediterráneo

Cruzamos el mar Jónico. Tormenta incluida.

Realmente teníamos pensado dejar Grecia y emprender el camino de vuelta hace unos días, pero hemos recibido una visita de última hora de unos amigos de Emilie así que hemos prolongado una semanita mas nuestra estancia y hemos aprovechado para revisitar nuestros sitios favoritos de los alrededores de Corfú.

Y de ahí partimos hacia Italia, y para no perder la costumbre de desastres meteorológicos en nuestras travesías, nos comemos una tormenta de verano que pasaba por allí. Regalo de despedida de Grecia.

 Corfú y alrededores

El vuelo de nuestros amigos tenía como destino y origen el aeropuerto de Corfú, así que hemos estado esta última semana en los alrededores para que pudieran disfrutar un poco de esta parte de Grecia. De paso también hemos aprovechado nosotros dos para descansar un poco de tantas millas y poder volver a ver nuestros rincones favoritos con unos ojos nuevos.

Imprescindible la visita a Corfú ciudad con noche en el puerto de Mandraki junto a las murallas de la antigua fortaleza. Al día siguiente hemos pasado la noche en Petriti, donde no podía faltar una cena en alguna de las tabernas de la orilla, como siempre todo buenísimo.

Por cierto, en Corfu coincidimos con el famoso velero “A”, que a pesar de tener fama de ser muy feo, cuando te acercas y lo ves con detalle, te das cuenta de que sí, que es muy de feo, pero tela de feo. Como curiosidad, la bolita negra en el palo de en medio es un ascensor panorámico.

El museo Gugenheim flotante

A continuación un par de días en la isla de Paxos, concretamente en la bahía de Lakka, que a pesar de estar llena de barcos, no eran tantos como me esperaba. Hay que decir que ya cuando vinimos en junio coincidimos con otros 30 barcos por lo que me esperaba lo peor, sin embargo, tal como podeis ver en la foto, no estaba tan mal. Tengo que decir, no obstante, que el agua no estaba tan transparente como yo recordaba… será ese el efecto de 100 barcos usando el baño sin tanque de aguas negras? mejor no ponerse a pensarlo, o sino al final no nos bañamos! Aun así, el color de la bahía siempre es impresionante.

Durante la travesía divisamos algo rosa flotando en mitad del mar, así que cambiamos el rumbo, y rescatamos al naufrago, que resulta ser una colchoneta que habrá salido volando de algún otro barco. Su antiguo dueño no parece estar a la vista, así que nos quedamos con el nuevo juguete para nosotros.

Tras unos días, decidimos volver al continente y visitar una de las calas mas aisladas que hemos conocido: Pagania. La pequeña bahía de Pagania se encuentra a la altura de la ciudad de Corfú, pero en el lado del continente, justo delante de Albania. La bahía hace una L, así que una vez dentro queda resguardada por los cuatro cuadrantes. Quitando unas cuantas piscifactorías a la entrada, y alguna granja en la orilla, el sitio está completamente desierto, así que toda para nosotros! Nos pegamos un baño y pasamos una noche relajada con cena y estrellas.

Pagania

Tras esto volvemos a Corfú, fondeamos en Garitsas y a la mañana siguiente acompañamos a nuestros invitados al aeropuerto.

Una vez solos comienza el trabajo de poner a punto el barco para la travesía de vuelta. Así que pasamos un par de días con el mantenimiento: cambio de aceite y filtros del motor, engrasado de winches, cambiar algunos cabos gastados, revisar el eje del timón, una pasadita a la obra viva del casco para quitar algo de caracolillo,  sustituir algunos cabos que estaban ya muy gastados y revisar el material de seguridad. A parte de una paradita para rellenar el depósito de agua. Y ya estamos listos para partir.

Haciendo cálculos, hemos decidido que en lugar de volver por Crotone, iremos directamente hasta Sicilia, concretamente 250 millas nauticas partiendo desde la isla de Eirikousa, al noroeste de Corfú, para ahorrarnos unas 5 o 6 horas de navegación que nos separan de Corfu town.

Desde Erikousa a Sicilia

Tras un día de navegación con bastante motor, llegamos a la isla de Erikousa. Es una isla pequeña y tranquila, y junto con Othoni, uno de los lugares de paso utilizados por los navegantes que cruzan hacia o desde Italia. De hecho la playa está llena de barcos fondeados que se preparan para cruzar hasta Italia (o acaban de hacer el cruce hacia Grecia).

A la mañana siguiente temprano vemos que la mayoría de los vecinos de fondeo ya han zarpado, así que levantamos el ancla y nos ponemos en marcha. Hemos mirado varias veces el parte meteorológico y parece que tendremos viento del norte, no muy fuerte, así que todo bien.

Salimos del fondeo, con un viento muy flojo que me hace dudar entre si sacar el genaker o seguir el génova. A los 50 minutos de navegación, el viento empieza a rolar y veo delante unos nubarrones negros que pintan muy feos. Como recuerdo algo que leí sobre meteorología, bajo a mirar el barómetro, pero no veo nada raro, no se ha movido. Pero bueno, tampoco es que yo sea un experto en el tema así que subo con la mosca detras de la oreja y cuando me quiero dar cuenta ya es demasiado tarde.

En apenas un minuto el viento rola al sur y  arrecia súbitamente y nos hace escorar haciendo orzar el barco. Hay que guardar el génova, y la mayor, y encender el motor. Faltan manos! En ese momento delante nuestra se estrella el reflector de radar que se ha soltado y se ha roto en dos al caer en la cubierta. Emilie me avisa que uno de los terminales de la estructura del bimini se ha soltado, y en el génova ha aparecido una raja de unos 10 cm y amenaza con seguir abriendose.

Intentamos mantener la calma en ese caos de viento, escora, velas flameando y rociones de agua. Emilie enciende el motor y se pone al timón y yo me lanzo al enrollador para intentar guardar el génova antes de que se rasgue mas, pero el mecanismo de enrollar se ha mojado con las olas y el cabo patina cada vez que la vela flamea, así que dejamos algo de tensión en la escota y ayudándome del winche consigo hacerlo entrar poco a poco. Luego guardamos la mayor, de cualquier manera. Es lo bueno y lo malo de los enrolladores de mayor, puedes enrollar con mal tiempo, ahí no te dejarán tirado, pero luego ya veremos como lo sacas… pero bueno, no me preocupa eso ahora mismo. Reforzamos con un cabo y un par de nudos la estructura del toldo, y ahora sí, ya está todo controlado. Nos ponemos las chaquetas de agua y ponemos rumbo al fondeo de sotavento en la cara sur de Othoní.

Parece que la travesía tendrá que esperar un poco mas. Sin embargo a pesar de que el barco necesita unos arreglos, tengo la tranquilidad de saber que nosotros hemos respondido bien, sin perder la calma y sabiendo que hacer cada uno casi sin tener que hablar. Debe de ser que los temporales que tuvimos en invierno nos han curtido. Comparado con invierno, los rociones de agua calentita son un gustazo!

Llegamos a Othoní, en cuanto pasamos a sotavento de la isla todo se tranquiliza. Fondeamos junto a otros tres barcos en una playa y nos metemos a comer. Cuando salimos una hora despues ya casi somos diez barcos. Casi todos llegan con algún estropicio. Nos queda el consuelo de que al menos no somos los únicos con el gafe a la hora planear las travesías! Después de comer metemos el génova en el salón del barco y en unas tres horas ya tenemos la reparación hecha. Por suerte siempre tengo a mano un trozo de dacrón para hacer parches y el libro de “Sailmaker aprentice”, que explica como reparar velas a mano. Apretamos la estructura del bimini. Y me aseguro de sacar y enrollar correctamente la vela mayor. Parece que está todo en orden, así que a las 16:00 ya estamos listos para zarpar de nuevo.

El génova cada vez con mas parches

Othoni – Sicilia

La travesía empezó con un viento fresco, y aun con el mar de fondo confuso que nos dejó la tormenta de verano. Tenemos un viento de través por estribor que nos hace que tengamos que tomar un rizo en el génova y otro en la mayor. Los dejaremos ahí toda la noche. Vamos a muy buena velocidad, entre 5 y 6 nudos, y para mi sorpresa se mantienen durante toda la noche. La ola de través hace que sea un poco incómodo dormir, pero aguantamos como podemos.

El turno de noche es impresionante, a pesar de haber hecho otras travesías nocturnas, en esta coinciden la falta de luna, el cielo despejado, y la lejanía de tierra. Es todo un espectáculo. No nos cruzamos con ningún otro barco en toda la noche. Para ahorrar baterías quitamos a menudo el piloto automático y nos guiamos por las estrellas para mantener el rumbo. Vemos muchas estrellas fugaces, y relámpagos a lo lejos en la costa italiana. Aunque quedan lejos, no dejan de dar un poco de miedo, sobre todo después de la tormenta inesperada que nos hemos comido.

El segundo día, baja el viento y la ola, lo que nos obliga a poner un poco de motor. Perdemos en velocidad, pero ganamos en comodidad. La segunda noche podemos dormir mucho mas cómodamente y parece que el cuerpo se va acostumbrando.

Estrecho de Mesina

El tercer día, mas motor y algo de gennaker conforme nos vamos acercando al estrecho de Mesina. Empezamos a ver otros barcos. Por fin, alrededor de las 18:00 llegamos a Taormina. Unas 250 millas en 50 horas, es decir unos 5 nudos de media que no están nada mal!  echamos el ancla, nos pegamos una ducha, y bajamos a tierra a comer una pizza. Nos la hemos ganado!

250 millas, nuestra travesía mas larga hasta el momento.

 

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De vuelta en el Jónico

2 Comentarios

  1. Silvia Reyes Raya

    Me ha encantado. Lo comparto. Gracias.
    No sabía de vuestro viaje , ha sido gracias a La Taberna del Puerto.
    Gracias Mil .

  2. Pancho Flesh

    Alto trip muy divertido.solo falto unas olitas para surfear un rato.

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