A pesar de que nos hubiera encantado quedarnos mas tiempo en Niza, habíamos quedado con unos amigos que venían a visitarnos para encontrarnos en Génova y un par de días de navegación por delante. Así que despues de un par de días bastante aburridos, de poco viento, mucho motor y fondear en playas sin mucho interés, llegamos a Génova, la tierra natal del genovés mas famoso del mundo: Cristobal Colón. O como lo conocen por aquí… Cristóforo Colombo. Telita marinera con el nombre…

La llegada a la ciudad hay que decirlo, es bastante fea,  hay que pasar por delante del aeropuerto, todo el puerto comercial lleno de ferrys, petroleros enormes, pesqueros, gruas oxidadas, algún barco a medio hundir, y maquinas dragando el fondo. mucha agua sucia y finalmente después de 15 minutos interminables, llegas al final donde están las marinas para veleros como el nuestro. Tengo que decir que nunca he sacado un cabo para la boya tan sucio como en el puerto de Génova, lleno de un nodo nauseabundo que te deja peste en las manos para todo el día!

En nuestro caso nos quedamos en la marina de Porto Antico, por el momento la mas cara que hemos pagado: 30 euros la noche. Estábamos rodeados de barcos de 12 y 15 metros, lo que me hace pensar que hemos pagado por un amarre para un barco mas grande. Esto ocurre a veces, que en lugar de pagar por el tamaño de tu barco, te hacen pagar por el espacio que ellos tiene, sin importar que en esa superficie de agua cabrían dos barcos como el tuyo.

Volviendo al tema, después de pasar casi cuatro días allí, reconozco que tengo sentimientos encontrados para la ciudad. Por un lado, parece un poco caótica, oscura,  toda llena de callecitas retorcidas, con fachadas viejas y descuidadas. Está llena de cerros así que desde cualquiera de ellos puedes ver toda la ciudad atestada de casitas y siempre con las grúas del puerto de fondo.

Esta casa vió una lata de pintura por última vez en el siglo XIX

 

Sin embargo, rebosa historia por todas partes. En cualquier callejón levantas la vista y puedes encontrar un palacio, o una antigua iglesia escondida, un resto de monasterio convertido en taberna, una casa que parece haber sido levantada por tres civilizaciones distintas, con un trozo de muralla medieval por un lado, y un pórtico renacentista por otro lado, y en medio una pizzería con un cartel de neón.

Aparte de lo mencionado es una ciudad con mucha vida, no tan turístico como esperabamos, lo cual es un punto extra. Y la comida! que voy a decir, yo debería haber nacido italiano, esto es el paraiso!… todas las calles llenas de pizzerías, focaccerías, heladerías, panaderías, tiendas de quesos, de embutidos, de pasta fresca, de especias… incluso después de comer es imposible que no se te vayan los ojos a cualquier escaparate. Ahora si siento que estamos en Italia!

La nuestra próxima parada será uno de los destinos que tenía en mi lista de lugares pendientes de visitar: la costa de Liguria y el parque natural de Portofino y la Cinque Terre.