¡A Tomar Viento!

Viaje a vela por el Mediterráneo

Llegamos a Sicilia ¡Que paliza!

Lo hemos conseguido, han sido treinta horas de navegación, pero han parecido tres días! Hasta el momento creo que este ha sido el momento mas duro del viaje, pero bueno, estamos ya en Sicilia y lo que bien acaba bien está.

El viaje empezó ya con contratiempos. Bueno, si es que a la meterología la podemos llamar contratiempo. El día antes de la travesía habíamos fondeado en el cabo Carbonara con la intención de ganar unas 30 millas antes del salto a Sicilia. El parte dijo que empezaría a soplar viento del este, pero lo tendríamos por popa, así que ademas de ayudarnos a avanzar, se siente menos porque avanzas en la misma dirección que el (lo que llaman el viento aparente). Nos fuimos a dormir y pusimos la alarma de madrugada para empezar el viaje antes del amanecer.

Efectivamente al despertarnos ya se había montado un buen festival de olas y un viento bien potente. Sacamos el ancla con mucho trabajo y nos dirigimos a la punta del cabo con la intención de comenzar la travesía… bueno, y en ese punto es cuando uno se da cuenta de lo que los números y los colores de la predicción meteorológica significan en la vida real. Que uno echa sus cuentas y en el papel todo se sostiene, pero cuando estás allí en medio quieres mandar la teoría a tomar viento, poner el motor y volver al puerto mas cercano echando leches.  Y mas o menos eso hicimos: nos fuimos a la playa de sotavento para estar resguardados de las olas y al amanecer ya estábamos fondeados otra vez esperando que amainara un poco porque aquello era ingobernable. Miramos el parte y vimos que al final de la tarde bajaría y que al alejarse de tierra el viento perdía potencia, así que a dormir una siesta, y segundo intento.

Cuando salí a quitar el ancla, fuera debían haber unos 30 nudos de viento. En apenas 300 desde la orilla ya se empezaban a formar olas con espuma, y con el sol y el color turquesa del agua resultaba en una mezcla de bonito y acojonante. Acojonante también como ver que el cabo de fondeo se ha roto con la tensión y el rozamiento y de los tres hilos que lo forman solo quedan dos. Si hubieramos pasado otra noche allí seguramente habríamos perdido el ancla y la cadena. Así que subimos el ancla (aprovecho para recordar que no tenemos molinete, y después de dos meses en Cagliari sin movernos apenas, cuesta la misma vida), sacamos un piquito de la mayor, y a volar!

Listos para despegar!

Ahora si salimos, la potencia de las olas y el viento de popa nos dejan claro que ya no hay vuelta atrás, incluso con el motor a toda potencia nos costaría volver. El viento hace incluso que el dinghy quiera soltarse de los pescantes y adelantarnos y se nos tira encima una y otra vez. En esos momentos es cuando faltan manos para todo: hay que atar el dinghy, poner otro cabo en la botavara para que no trasluche, agarrar el timón para que las olas no te pongan de costado. El sol ya se ha puesto y cada vez está mas oscuro, así que uno se pone a rezar a todos los santos para que el parte no se haya equivocado.

Y no se equivocó, por fortuna, a medida que perdíamos de vista la costa, el viento se hacía un poco mas controlable, pero aun así las olas seguían siendo grandes así que no podíamos despistarnos. Las siguientes 24 horas fueron una mezcla de no poder dormir, no poder comer por el nudo en el estómago, sueño y un frío que no salía del cuerpo. Aunque creo que Emilie lo llevó mejor que yo, pero en mi caso fueron casi 30 horas de tensión que hicieron que llegara agotado al final del viaje. Lo único bueno de la noche: la luna llena y los delfines que nos acompañaron surfeando las olas. Al menos nos hicieron sentir un poco mas acompañados.

El Calma llegando a Favignana (o así lo imaginaba mi cabeza antes del viaje)

Las últimas horas de la travesía fueron eternas, el gps te muestra las islas y parece que te dice: “mira, ahí están, que cerca eh? pues te jodes! te faltan 8 horas todavía!” A eso de las 20:00 ya por fin vimos el faro de Marettimo, la isla mas occidental del archipiélago de Egadi, aunque aun nos faltaban unas cuatro horas mas hasta llegar a Favignana. A medianoche entrabamos en el pequeño puerto de la isla, echábamos el ancla y caíamos muertos en la cama.

Tal y como dice una compañera de la taberna del puerto (un foro de internet), si en ese momento aparece alguien y me ofrece la mitad de lo que cuesta el barco, se lo hubiera vendido sin pensarlo!

Por la mañana por suerte, las cosas se ven de otra manera: estamos descansados, el paisaje de la isla es impresionante, hace sol y hemos desayunado como reyes, así que decido que por ahora no voy a vender el barco.

Antiguas factorías atuneras de Favignana

La isla entera es espectacular, el pueblecito, todo rodeado de huertas, la montaña con el castillo, las ruinas de las factorías atuneras… por el momento Favignana se ha ganado mi premio de “isla favorita” en lo que llevo de viaje. Una joyita.

Llaveros de recuerdo para los turistas

Subimos al castillo

Una panorámica desde lo alto. Al fondo se ve Sicilia, y en el puerto está Calma fondeado:

 

Ahora os escribo desde Trapani, ya en la costa propiamente de Sicilia. La ciudad nos ha parecido un poco insulsa, sucia y algo aburrida pero bueno, sigue siendo invierno, tampoco se le puede pedir mas. Lo único interesante, sus murallas mirando al mar y su faro antiguo.

Y mañana a Palermo.

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2 Comentarios

  1. A mi si me gustó Trapani. El centro esta lleno de iglesias y palacios del barroco siciliano. Al final de corso Vittorio Emanuel, la calle principal, está la torre del reloj.
    Además se puede subir en teleférico a Erice.
    Estoy disfrutando mucho al leer vuestro blog por eso no podia dejar pasar mi opinión sobre Trapani.
    También recomiendo antes de llegar a Palermo visitar San Vito Lo Capo, los Faraglioni di Scopello y Castellammare del Golfo

    • Hola Zaqueo, el otro día comentaba algo parecido con un amigo! resulta siempre que hablo con otras personas de nuestras experiencias y los lugares que hemos visitado, casi nunca coincidimos en lo que nos ha gustado. Creo que esto es porque nosotros hemos gran parte del viaje en temporada baja. Hemos descubierto que hay muchos sitios que conservan mucho encanto en invierno, y en cambio, otros que tienen muy buena fama, luego son el aburrimiento padre si vas en diciembre, no tienen “alma”. Probablemente Trapani tiene mucho mas que ofrecer de lo que pudimos ver nosotros en apenas un día, y verlo en verano también tiene que mejorar mucho la experiencia. Como se suele decir, cada uno cuenta la fiesta como le ha ido jeje.
      Quizá en el viaje de vuelta le demos otra oportunidad para ver todo esto que comentas. Gracias por tu mensaje!

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