En los últimos días hemos seguido yendo hacia el sur, y poco a poco conociendo mas islas. El viento ha bajado y hemos podido disfrutar de la buena vida: calorcito, aguas turquesa, baños en el mar, y la tranquilidad de no tener que estar vigilando el ancla porque vamos a salir volando. Después de todo este tiempo por fin hemos podido sentirnos realmente como si estuvieramos de vacaciones.

Mikonos

Nuestra llegada a Mikonos fue un poco ajetreada. Salímos de Tinos aún con los últimos coletazos del Meltemi, y tal como estabamos entrando por la bocana del puerto nuevo, el marinero, a gritos y con señas nos dice que no. Que no hay sitio y hasta luego Lucas. Llamamos por teléfono y nos confirman que sin reserva no hay sitio para hoy. Y estamos aún en primavera… Según la guía Imray, en el puerto viejo ya no se permite el atraque de barcos de recreo como el nuestro, así que el puerto nuevo era nuestro único plan.

Un poco cabreados por la forma en que nos han despachado y con las defensas aún colgado, damos media vuelta y decidimos ir al sur a la bahía de Ormos donde estaremos bien protegidos. El sitio aparece en las guías como una de las mejores playas de la isla, así que ya contábamos con que no íbamos a tener precisamente tranquilidad. Efectivamente, la playa está totalmente tomada por las terrazas con sus sombrillas de pago y su música fiestera hasta bien entrada la noche. El fondeo, con bastantes barcos, y muchas boyas, resulta ser bastante bueno, así que hemos pasado aquí un par de días.

Mikonos es nuestro equivalente a Ibiza. Tiene un aeropuerto y es parada habitual de numerosos cruceros, así que yo ya me imaginaba lo que íbamos a encontrar y venía un poco a la defensiva. La isla es un lugar perfecto si quieres ir de fiesta, que no es que no me guste la fiesta, pero durante estos meses hemos adoptado un estilo de vida mucho mas relajado, por lo conectamos mucho mas rápidamente con las parejas de jubilados que encontramos en sus barcos en el puerto, que con gente de nuestra edad que vienen solo con una semana de vacaciones y tienen que darlo todo como si el mundo se acabara mañana.

Molinos en Mikonos

El pueblo de Mikonos, como todos los pueblos de las Ciclades,  es arquitectónicamente muy bonito, especialmente la parte del puerto con su lonja de pescadores, sin embargo aquí el conjunto resulta falso y sin alma.  Sus calles principales llegan a resultar monótonas en cuanto a que solo hay tiendas de moda, joyas o souvenirs. Parece ser que todo está enfocado al turismo de cruceros, con precios totalmente desorbitados (comparados con Tinos) y con una población local demasiado quemada con el turismo. Aquí todo está en inglés, ya no suena música griega, y las abuelas no te saludan por la calle. Aquí hemos pasado de ser visitantes, a ser turistas.

Terraza en Mikonos

Después de una visita de un par de horas al pueblo, pensamos que ya hemos visto todo lo que hay que ver, y decidimos volver al barco para preparar nuestra próxima travesía.

Naxos

La isla de Naxos, la mas grande del archipielago, nos recibe con esta vista tan original:

Es el pórtico de un antiguo templo que no llegó a construirse, sin embargo parece como si intencionadamente alguien hubiera decidido enmarcar el mar (o el pueblo si miras desde el mar). Aunque no se aprecia en la foto, es bastante alto, así que puede verse un par de millas antes de llegar al puerto.

Aquí directamente nos dirigimos al puerto, que está bastante lleno, y donde nos hacen abarloarnos a un velero de unos 15 metros lleno de  estadounidenses.Por suerte el encargado del puerto nos echa una mano con su dingy y de paso nos ayuda a romper un poco el hielo con nuestros nuevos vecinos.  Es la primera vez que nos abarloamos a otro barco y la verdad que me daba un poco de palo porque sentimos que ibamos a molestar. Al abrloarte te amarras  de costado a otro barco, por lo que no tienes acceso al pantalán, sino que tienes que saltar al barco del vecino y caminar por encima de su cubierta hasta el muelle por lo que pierden un poco de intimidad. Aun así por la tarde me han escuchado tocar la guitarra y nos han invitado a ver la puesta de sol y tomar algo en su cubierta. Y nosotros que no tenemos mucha vida social en nuestras travesías, pues nos apuntamos sin pensarlo! Y así hemos pasado la noche entre música, vino y buena compañía.

Resulta que es un grupo de universitarios que viajan con un par de profesores. Pero no unas vacaciones, sino que durante el viaje siguen dando clase y van estudiando la obra de Homero mientras conocen de primera mano los sitios que aparecen en la obra. Lo repito por si no se ha entendido: su actividad de clase es irse dos semanas a navegar en un velero de 15 metros por las islas griegas. Y a nosotros con suerte nos mandaban a Mérida a ver un teatro romano…

Al día siguiente decidimos perdernos un poco por el pueblo, que resulta ser muy bonito. En lo alto hay una iglesia, y el camino hasta arriba esta lleno de callecitas encaladas, con muchas escaleras, arcos, túneles y puertas pintadas de azul en donde es fácil (y un gustazo) perderse.

Paros

Un par de días mas tarde, y aprovechando que los americanos sueltan amarras, pues salimos de la isla y cruzamos hasta Paros. Esta vez buscamos un poco de tranquilidad en la playa de Lageri, dentro de la bahía de Naousa. El sitio es una pequeña bahía dentro de una bahía por lo que estamos muy protegidos. La calma es total.

Playa de Lageri

Aquí hemos pasado varios días y nos ha encantado. La playa ha resultado ser una playa nudista, tal y como advertía la guía, aunque prácticamente está desierta. Las aguas son transparentes, y por las noches el silencio y la tranquilidad son absolutos. El agua se queda plana como si fuese un estanque y la sensación es de estar en un lugar mágico.

Por las mañanas se acerca todos los días un pescador que nos vende la captura del día, así que hemos podido comer pescado fresco sin tener que ir a buscarlo a tierra. Otro punto mas para Lageri. Y así hemos pasado los días, entre bañito, paseo, tomar el sol o cocinar. Por fin parecen unas vacaciones.

Sin embargo nuestra despensa se va vaciando por lo que tenemos que movernos. Así que a media hora a vela llegamos a Naousa. Un pueblecito dentro de la bahía de los mas bonitos que hemos visto hasta ahora.

Naousa desde el mar

Restos del antiguo castillo veneciano

El pueblo como todos los que hemos visto hasta ahora es muy sencillo, todo blanco, con puertas y ventanas azules, buganvillas rosa por todas partes, muchas pequeñas iglesias, y el mar con su puertecito de pescadores, y no necesitas mas! Una maravilla. Os dejo una panorámica del puerto, que para mi gusto es el sitio mas bonito de todo el pueblo:

Por la tarde nuestro frapé de rigor, que ya es costumbre, y por la noche hemos tenido la suerte de ver una representación de bailes regionales que se celebra ocasionalmente en la plaza de la iglesia por parte de una compañía de baile local.

Bailes regionales de las Cícladas

Nuestro amigo el Meltemi no nos deja

El sitio es increible, sin embargo lo bueno no podía durar para siempre, y la previsión nos avisa que en dos días comienza otra vez a soplar el Meltemi. Así que hemos levantado anclas y hemos decidido buscar refugio junto a la ciudad de Paros, la capital de la isla, en una cala protegida del norte, y desde donde os escribo ahora.