Estas últimas semanas las hemos pasado saboreando nuestros últimos días en las Cícladas. Casi una semana en Sifnos y otra en Milos. Nos da un poco de tristeza irnos tan pronto, pero preferimos poner un poco de mar de por medio entre nosotros y el Meltemi, sobre todo ahora que estamos ya en julio y va a empezar a soplar mas fuerte. Por otro lado siento que hemos aprovechado bien el tiempo y que algun día volveremos. Ahora toca conocer la península del Peloponeso.

Sifnos

Al llegar a la isla de Sifnos nos dirigimos directamente a la cala de Faros, que aparece en la guía Imray, aunque sin destacar nada importante, apenas una pequeña aldea con cuantas tabernas y otras tantas casas. No llega a pueblo.

Sin embargo ha resultado ser uno de los lugares mas acogedores que hemos conocido: aguas transparentes, bien protegida de los vientos, playas con arboles para descansar a la sombra, tabernas con sus mesitas en la misma playa, y un ambiente muy tranquilo y familiar por todas partes. Ni playa desierta, ni sitio turístico, sino algo a medias.

De uno de los extremos de la aldea sale un camino bien pavimentado que llega hasta una pequeña capilla junto al mar que da la bienvenida a los barcos que entran en la cala. Así que casi son darnos cuenta hemos pasado una semana en este rincón tan idílico, aunque bien podríamos habernos quedado un mes.

Y como punto extra, cogemos el wifi de la taberna de la playa. Que también cuenta jeje.

Cala de Faros

Por cierto que aquí hemos visto por primera vez desde que estamos en Grecia un barco con bandera española, aunque mas que bandera era una sábana en un velero enorme 30 metros con tripulación profesional y dueños con mucha pasta, así que tampoco nos parecía buena idea ir a saludar con nuestro humilde dingy a remos.

Tras esta relajante semana, hemos subido un par de millas y nos hemos acercado al pueblo de Castro, otro lugar de interés de la isla. Es un pueblecito todo blanco arriba de un cerro junto al mar. Realmente el lugar es muy bonito, todo el casco antiguo forma un estrecho laberinto de casitas blancas y no tiene sitio para coches, lo que lo hace mas auténtico todavía.

Casco antiguo de Castro

Aquí junto al fondeo hemos encontrado una taberna familiar al estilo griego. El camarero nos presenta su madre que es la cocinera, y su hermano es el pescador. Así que os podeis imaginar la calidad de lo que se come aquí.

Todos los sitios bonitos siempre tienen vistas a Calma

Por cierto, ya que no hemos podido sacar el barco antes de la temporada, he aprovechado uno de los baños para sumergirme y darle una buena pasada con la rasqueta a la obra viva del barco. Ya empiezan a crecer algas y otros bichos en el casco, así que sin piedad con ellos! Y también he hecho una foto para que veais el resultado de aquella noche en Corfú cuando garreamos y acabamos dándole “besitos”a las rocas. Menos mal que las quillas son de metal… cuando vuelva a sacar el barco del agua tendré que darle una buena manita de masilla.

Recuerdo de Corfú. Y sin tener que pasar por una tienda de souvenirs

Milos

Dejamos Castro y echamos el día cruzando hasta la vecina Milos, la isla famosa por la venus de Milos, que paradójicamente no está en Grecia, sino en un museo de Francia. Parece ser que existe una campaña para traerla de vuelta, pero lo veo tan poco probable como que los ingleses devuelvan las reliquias que se llevaron de Egipto…

Milos es un gran crater de una antigua formación volcánica, y toda la isla rodea una gran bahía central, donde está la localidad principal: Adamas. Lo bueno de esta bahía es que es muy grande, y lo malo, es que es muy grande… lo malo, porque cuando el viento sopla, debido a su extenso fetch (la distancia que recorre una ola mientras va formándose) forma unas olas enormes. De forma que todos los barcos se van trasladando de una punta a la otra de la bahía dependiendo del parte meteorológico.

Milos

De esta forma pasamos los dos primeros días fondeados en la parte norte de la bahía, junto a Adamas para protegernos del viento del norte. Y un día cambió el parte y empezó  a soplar del sur, así que de golpe y porrazo, eramos 15 barcos en la playa del sur de la bahía. De hecho la guía advierte que el puerto de Adamas no es seguro con viento del sur, así que ni nos lo pensamos.

En Milos hemos visitado el pueblecito de Plaka, en lo alto de la montaña.

Vista de la bahía de Milos, desde Plaka

Aunque lo mas conocido de esta isla, son sus curiosas formaciones de roca blanca en la costa. Sarakini en la costa norte, y la bahía de Kleftico al sur.

Sarakiniko

Desde el puerto de Adamas salen cada día montones de barcos turísticos para visitar la bahía de Kleftico, así que no podíamos dejar pasar una visita. Ademas nos pilla de camino, así que salimos por la mañana y echamos el día en este sitio tan impresionante.

Os dejo una foto, que parece retocada, pero realmente el lugar es así: aguas turquesa, fondos de arena blanca, y todo lleno de cuevas, arcos de piedra y muchos peces. Un paraíso.

Bahía de Kleftico. Foto de intenné

Durante el día el trajín de barcos no para, decenas de barcos con mas de 20 personas en cubierta que vienen a ver esta maravilla y a hacer submarinismo, pero por la noche todo el mundo se va y apenas quedamos en la bahía nosotros y una barca de pescadores que está echando el domingo de descanso.

Cuando cae la noche cogemos el dingy y nuestra lámpara de aceite y nos vamos a explorar cuevas sin ruidos ni gente, toda es para nosotros. Nos sentimos privilegiados. A la mañana nos levantamos con la salida del sol y ponemos rumbo al continente.

Salimos al amanecer

Rumbo al Peloponeso

La travesía hasta el continente ha sido muy tranquila, apenas unas 14 horas. Acostumbrados a navegar con mal tiempo durante todo el invierno, esta vez parece que nos hemos pasado de prudentes esperando una buena previsión, y nos hemos quedado sin viento a mitad de camino. Así que medio día a vela a un descuartelar, y otro medio con el run-run del motor. En cualquiera de los casos, el mar como un plato, y la temperatura perfecta. Y con una puesta de sol de colores pastel sobre las montañas a nuestra llegada. Nada que ver con aquellos días grises con los trajes de agua y los rociones.

Entre una cosa y otra, me ha dado tiempo a preparar estos panes con queso feta. Es la primera vez que hago pan y ha quedado muy bueno. Simplemente he cogido la receta de Emilie para el pan de pita, he mezclado la masa con feta, y he hecho dos bolitas. Luego 35 minutos al horno y listo. Seguramente será la suerte del principiante, otro día seguro que lo intento y no me sale.

Pan de feta casero

Y ahora os escribo desde un fondeo junto a Monemvasia, un bonito pueblo medieval, que apenas hemos alcanzado a ver con la última luz del día, así que habrá que esperar a mañana para ver que hay que ver.