Ya estamos en el Peloponeso! bueno, realmente llevamos aquí ya mas de dos semanas, pero con mi falta de puntualidad a la hora de escribir no me he puesto antes.

Esta etapa promete ser un poco coñazo, de momento tenemos que bordear dos cabos, que según la guía, suelen tener bastante viento. El cabo Maleas y el cabo Tainaron, dos cabos gemelos que la guía Imray llega a comparar con dos pequeños cabos de Hornos (salvando las diferencias claro). Por otro lado, el viento en esta zona casi siempre sopla del noroeste, por lo que para llegar al Jónico, vamos a tener que tirar de motor casi seguro durante varios días.

Monemvasia

Tal como salimos de las cíclades teníamos las intención de ir directamente a atravesar el cabo Maleas, la punta sureste de Grecia, sin embargo, cuando a última hora me comentó Alberto, patrón del Capitán Teach, que nos íbamos a perder la bonita ciudad medieval de Monemvasia. Así que despues de echar un vistazo a las fotos, metimos unos cuantos grados mas en el piloto automático y allí que nos plantamos a la puesta de sol.

La ciudad vieja es laberinto de casas e iglesias perfectamente enmarcado por murallas, y con unas vistas impresionantes desde cada una de las calles. Esta ciudad se encuentra en una isla con una peña y comunicada con tierra solo por un pequeño puente. Llama la atención que dentro de la ciudad no hay carreteras para coches, así que toda la carretera hasta la puerta de la muralla es un enorme parking.

Para que se entienda mejor

A la mañana siguiente cuando bajabamos al puerto en el dingy, nos pegó un susto una cabeza que salía a respirar junto a nosotros. Y así nos tiramos un rato buscando elucubrando que era ese bicho, si un buzo, una foca, una tortuga… al final resultó ser una tortuga marina (de eran dos). Debe de ser que está bastante habituada a la gente porque nunca habíamos visto una dentro de un puerto. Un poco mas tarde, aparecen Alberto y Lola del Capitán Teach y nos reunimos con ellos a tomar algo, y al rato ya estamos atracando en el puerto junto a ellos.

Alberto necesita una reparación en la veleta, así que subo a cambiar una pieza, y como recompensa kármica, aparece la tortuga marina por el puerto. Así que ahí arriba me quedé casi cinco minutos observando al bicho, como el que mira un documental de la dos.

Por la noche pasamos por la taberna de Mateos, un medio español, que tiene una colección de cervezas de importación que ya quisieran muchos en su ciudad. El caso es que siendo medio vasco, la comida mala no podía ser. Que por cierto, vasco y espartano, vaya mezcla! si hicieran la película con estos, en lugar de trescientos, se llamaría cuarenta…

Tras un par de días decidimos doblar el temido cabo de Maleas, que resulta estar durmiendo la siesta, porque allí ni hay viento, ni olas ni nada! a motor todo.

Elafonisos

Fondeamos en la isla de Elafonisos, con fama de ser una de las mejores playas del sur de Grecia. Y desde luego es de las playas mas azules que hemos visto. Nos pegamos un bañito y pasamos la noche, aunque como nos advierte Alberto, la fama tiene un precio, a mediodía ya está todo lleno de gente y ruidos.

Una de las playas de Elafonisos

Githio

Salimos de Elafonisos y nos dirigimos a Githio, echamos un día tranquilo de los que me gustan, navegando prácticamente todo el tiempo con el genáker y viento de aleta.

Gythio

El pueblecito de Gythio nos sorprende, porque de repente parece que se han acabado las casas blancas y azules, y todo esta lleno de casitas de color pastel y tejados rojos. Por un momento nos parece estar de vuelta en Italia. Ademas de nuevo todo es verde, nada que ver con las montañas yermas y resecas de las cícladas.

Aquí nos volvemos a cruzar con Alberto y Lola (Capitan Teach), que siguen nuestra misma ruta de camino al Jónico huyendo del Meltemi. Sin embargo, la previsión es de viento de proa todo el camino, así que han decidido dar la vuelta y atravesar el estrecho de Corinto para hacer el camino de vuelta. Así que probablemente ellos lleguen antes!

En otro orden de cosas, hemos encargado unas nuevas baterías en una tienda de náutica que hay en el pueblo. Llevábamos ya varias semanas con problemas eléctricos, la nevera nos dejaba las baterías secas durante la noche, así que después de hablar con Marcos, decidimos ampliar el parque de baterías y pasar de 240 Ah a 400 Ah, casi el doble. Por el momento ya podemos aguantar toda la noche sin el miedo de quedarnos sin poder arrancar el motor al día siguiente.

Aun así, aun tenemos un poco de saldo negativo eléctrico: nuestros paneles producen alrededor de 1kWh cada día, y nuestra nevera en verano prácticamente consume 900Wh, sumado al resto de consumo del barco, hace que estemos siempre al límite. Pero bueno, para lo que nos queda de viaje por ahora es suficiente. Simplemente tenemos que tener un ojo puesto en el medidor de consumo, y quizá poner un poco de motor para cargar baterías de vez en cuando.

Mystra

Ya que hemos pasado varios días en Gythio, no queríamos dejar de visitar los alrededores, así que hemos hecho una visita de un día a las antiguas ruinas de Mystra.

Es posible que os suene mucho mas la ciudad de Esparta, sin embargo, despues de leer un poco por internet, resulta que pesar de tener una fama mucho mayor la ciudad actual no tiene mucho interés en sí. De hecho nuestra primera parada de bus de camino a Mystra es en Esparta, donde hemos estado un par de horas para pasear y tomar café, y podemos confirmarlo, el lugar es bastante insulso.

Nuestro segundo bus nos deja en el pueblo de Mystra desde donde accedemos a las ruinas de la antigua ciudad que ocupan la ladera de una montaña. Los dos autobuses, la entrada de 12€, el calor agobiante, y el hecho de que todo sea cuesta arriba, hacen que por unos momentos nos arrepintamos de nuestra pequeña excursión pero nada que no se arregle luego con una buena vista y una buena comida.

Visitamos las ruinas de la ciudad, el monasterio y el castillo en la cumbre de la montaña. La subida es eterna, pero las vistas lo merecen. Con el calor que está haciendo desde luego no es un paseo para cualquiera.

Finalmente, y tras una semana levantamos el ancla y dejamos Ghytio para fondear en una cala protegida a un par de millas de nuestro segundo cabo de hornos: el cabo Tainaron. Hemos visto que por la mañana temprano aun no sopla el viento, así que fondeamos cerca del cabo y salímos temprano a la mañana siguiente para asaltarlo por sorpresa. Todo un éxito, ya que resulta ser igual o mas aburrido que su hermano gemelo: ni viento, ni ola. Así que nos espera otro día mas del run run de nuestro Solé 26.

Cabo de Tainaron con su bonito faro

Koroni

Koroni ha sido una visita inesperada. Nuestro plan era llegar hasta la siguiente punta (Medoni) pero tal como nos ibamos acercando el viento y las olas de proa iban in crescendo, así que hemos decidido dejar la lucha para otro día y fondear en Koroni, ya que el parte del día siguiente da calma chicha.

El pueblo de por sí es muy bonito, sube desde el puerto hasta la montaña, todo con tejados rojos y rodeado de vegetación, pero lo mas bonito es que está enmarcado por un gran baluarte que ocupa toda la parte superior del cerro.

Koroni con su fortaleza veneciana

Emilie y yo hemos bajado a hacer unas compras y de paso hemos ido a curiosear por las ruinas, y lo hemos pasado genial. Está todo lleno de pórticos, murallas y pasadizos por los que puedes entrar a explorar. Nos hemos sentido como si estuviéramos en una película de Indiana Jones. Con murciélagos chillándonos y todo. Salvo un par de avisos de que tengas cuidado, todo el acceso es libre, lo cual se agradece.

Puerta de entrada a la muralla

En este momento estamos camino de Methoni, donde por fin alcanzaremos de nuevo las aguas del Jónico, aunque la previsión no parece buena. No habrá viento, o si lo hay lo tendremos de proa.